martes, 8 de noviembre de 2016

UNA HISTORIA QUE DEBÍA CONTAR

Cuando comencé a pensar en la idea de hacer un blog sobre literatura no descartaba la posibilidad de que este fuera también un envase para confesiones personales, no a modo de diario personal, sino más bien un sitio donde hacer catársis en los momentos malos y en los buenos. Hoy, después de algunos meses sin escribir ni publicar nada en este blog, me gustaría hacer catársis sobre una de las decisiones más importantes que he tomado en mi vida personal y profesional. 

Desde que tengo uso de razón, todo lo relacionado con el arte ha ejercido en mí una atracción incontenible. Literatura, Pintura, Dibujo, Diseño Gráfico, han sido áreas donde he incursionado de forma pasajera. Siempre pensé que eran hobbies, por eso los iniciaba y no los culminaba. Crecí con la idea de que debía guiar mi inteligencia, mis capacidades y mis esfuerzos a trabajos formales, en buenas empresas, con  sueldos de 15 y último, con paquetes de beneficios anuales que aseguraran mi vivienda, mi carro, mis viajes y mis necesidades básicas. Y en ese día a día ir ascendiendo a otras posiciones que aumentaran mi calidad de vida. Bueno, creo que a todos nos meten en la cabeza que sin estudios universitarios y trabajos en grandes consorcios empresariales, no tenemos futuro y en cierta forma no se equivocan. Creo que pasar por la universidad es vital para aprender a analizar, para ser críticos y crear opiniones propias, pero no necesariamente estas herramientas deben concluir con un trabajo de más de 8 horas en una oficina en el edificio de una empresa reconocida mundialmente. 

Revista con DVD promocional. Regalo de Diciembre de 2012
Lo cierto es que no escapé del montón de jóvenes que entran a la universidad y después intentan alcanzar los puestos en grandes empresas. Me gradué en el área de Recursos Humanos y nunca ejercí por muchas razones, entre ellas, un país que no ofrecía tantas oportunidades como imaginaba. Por eso, mientras intentaba ocupar un puesto laboral, me entretuve haciendo cursos de literatura y diseño gráfico, siempre inconclusos porque había que comer, vestirse y crear un futuro donde el dinero no fuera un problema. Al mismo tiempo hice pequeños trabajos que terminaron en un cargo de operadora telefónica en una entidad financiera. Allí pasé siete años de mi vida. Y debo reconocer que no fue tan malo, de operadora telefónica por turnos llegué a ser Jefe de Departamento, y tal vez si el destino no me hubiera tendido una trampa o no se hubiera empeñado en desmostrarme que ahí no estaba mi vocación, seguiría dentro de aquellas paredes. En el banco logré lo que todo el mundo desea: casa, carro y pagar las cuentas de rutina. Y mientras trabajaba allí, dejé escapar una creatividad que sabía atrapada, encarcelada tras las rejas del "deber ser". Hice cosas que siempre quise hacer: videos, una revista, varios calendarios, decoré para fiestas temáticas, hasta produje un CD de música...aunque todo lo que hice fue para regalar a familia y amigos, el saber que era capaz de inventar, diseñar y crear fue una de las satisfacciones más grande que he experimentado en todo mi vida. El arte seguía vivo en mí y no iba renunciar a él tan fácilmente.

Concurso de actuación. Obsequio Diciembre 2014
Una vez fuera del banco, sentí mucho miedo. El futuro profesional para alguien que ya estaba en los 36 años, quien nunca había ejercido su profesión y quien además estaba cansada de trabajar para otros, no se pintaba color rosa. ¿Y ahora qué hago?...una y otra vez la pregunta rebotaba en mi cabeza sin parar. De vez en cuando, se asomaba tímidamente la idea borrosa de iniciar un negocio propio con esas habilidades que tanto familia como amigos alababan por mis creativos regalos. Pero el temor al fracaso, el riesgo a invertir dinero y tiempo en proyectos que no dieran frutos, me envolvió como una camisa de fuerza. Una vez más me convencía de que todo lo que había diseñado y creado era un hobbie para entretener no para vivir de eso. 

Por ese miedo y la mano tendida de un amigo, decidí trabajar en un pequeño negocio familiar dedicado a la venta de chuchería y dulces criollos venezolanos. Allí hice de todo. Aprendí cómo hacer dulce de batatas, besos de coco, polvorosas. Aprendí de la gran variedad de dulces que se hacen en Venzuela. Tuve contacto directo con un pueblo que no sabía que existía. Pero igual no era lo que quería para mí. No me llenaba, no era lo que quería hacer por el resto de mi vida. Cinco años estuve en ese negocio, que igual no era mío, el cual no me atrevía a dejar porque el país, mi país, se estaba entortillando cada vez más en pugnas políticas y debacles económicos.

Calendario 2016. Obsequio Diciembre 2015

Pero lo que yo quería me halaba, me empujaba a dejarlo todo, a arriesgarme y como las oportunidades no avisan cuándo van a aparecer, y a veces uno no las ve sino que son otros las que te las presentan, un día me preguntaron si estaba interesada en llevar la publicidad en las redes sociales de una pequeña tienda de productos para el cabello. No lo dudé y acepté. Vi la pequeña posibilidad de independizarme. Encontrar otros clientes y comenzar mi propio negocio. Renuncié al trabajo y empecé una historia nueva, diseñando promociones y publicidad de productos. Desde la comodidad de mi casa, juego un poco con mi imaginación y me siento cómoda, feliz, tranquila conmigo misma.


Tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo que realmente quería. Y con este impulso me atreví a codiciar un poco más. Poco a poco fui convenciendo a una persona muy querida para que juntas pudieramos crear algo un poco más ambicioso. Y con su ayuda invertimos en maquinaria para sublimar y bordar. 
Hoy digo con orgullo, a pesar de la situación económica del país, que estamos creando Diseños Artes Ravot. Una pequeña empresa dedicada a la sublimación de tazas, gorras, rompecabezas, mouse pad, botellas deportivas de aluminio y franelas. En Diseños Artes Ravot, quiero plasmar mis ideas, mi imaginación, dar vida a las imágenes que revolotean en mi cabeza y hacer que los clientes queden contenos con mi trabajo.



Si, lo único negativo es el país donde vivo. Hoy la economía de Venezuela es la peor del mundo. Literalmente estamos en banca rota. Literalmente estamos luchando para sobrevivir...pero, si soy sincera, prefiero luchar haciendo lo que realmente quiero a luchar haciendo lo que no me gusta.