sábado, 16 de abril de 2016

COMENTANDO LA GENTE FELIZ LEE Y TOMA CAFÉ



Autor: MARTIN-LUGAND, AGNÈS

Editorial: ALFAGUARA

Año de edición: 2014

Género: Narrativa

Navegando por Pinterest me encontré con este título. Al principio me pareció algo extraño por lo extenso, pero después no dudé en buscarlo porque definitivamente se parecía a mí. Al leer la sinopsis me pareció interesante, aunque en ella no se hiciera referencia a libros o autores o novelas. Aún así, me arriesgué a leerlo.


Tras la muerte de su marido y de su hija en un accidente, Diane lleva un año encerrada en casa, incapaz de retomar las riendas de su vida. Su único anclaje con el mundo real es Félix, su amigo y socio en el café literario La gente feliz lee y toma café, en el que Diane no ha vuelto a poner los pies.

Decidida a darse una nueva oportunidad lejos de sus recuerdos, se instala en un pequeño pueblo de Irlanda, en una casa frente al mar. Los habitantes de Mulranny son alegres y amables, salvo Edward, su huraño y salvaje vecino, que la sacará de su indolencia despertando la ira, el odio y, muy a su pesar, la atracción. Pero ¿cómo enfrentarse a los nuevos sentimientos? Y luego, ¿qué hacer con ellos?



No creo que sea necesario dar más vueltas al argumento de esta novela, es tan corta – solo tiene 147 páginas, en la kindle – que fácil se podría contar todo el texto.


Creo que nunca me había sentido tan decepcionada y engañada con un libro. Como es natural hay novelas donde no te gusta algo que hace y dice la protagonista o algún personaje secundario no convence o el argumento carece de ciertos elementos. Pero, que no se rescate nada de una historia, que sientas que perdiste el tiempo leyendo, nunca me había pasado. Creo que para entender mejor mi decepción es necesario ir paso a paso:



El título, muy bonito, muy poético, muy atractivo para todo aquel que le encanta leer y acompañar esos momentos donde disfrutas vivir la vida de otros con un sabroso café, fue un mero instrumento de marketing. No sé hasta qué punto la autora o la editorial son las responsables de esta idea pero después de leer el contenido de esas 147 páginas queda claro que el título fue un truco para vender.



Compro la idea de que el café literario donde trabajaba la protagonista, Diane, se llamara así “La gente feliz lee y toma café”; lo imperdonable es que el lugar pasara completamente por debajo de la mesa, porque ni siquiera es una ambientación, no es un escenario donde sucedan hechos relevantes de la novela, ni siquiera es un recurso que describa la personalidad de la protagonista o algún otro personajes. Es más, es un lugar que está a punto de quebrar, en manos Félix, el mejor y único amigo de Diane.



El tema central de la historia es interesante o podría haber sido interesante. El dolor de una mujer por perder al mismo tiempo a su esposo y a su hija, puede mostrarse desde muchos ángulos, generar muchas situaciones. Mucha tela para cortar ofrece la superviviencia a ese dolor, el levantarse y continuar con la vida. También compro la idea de que la protagonista necesitara cambiar de ambiente. Alejarse de los recuerdos para recuperarse de semejante tragedia y que en ese viaje conociera gente nueva y diferente para ayudarla a reincorporarse a la vida social. Es lógico que al mismo tiempo se despertaran ilusiones amorosas, sexuales. Todo esto se refleja en el texto, todo esto se acepta. Pero la ligereza y lo superficial de sus diálogos, de sus descripciones, es lo que hace que el libro pierda encanto y relevancia. En ningún momento se profundiza en el inmenso amor que dice sentir la protagonista por sus familiares muertos y  de la profunda tristeza, del encierro, de la soledad solo se observa una conducta algo malcriada.



Los personajes secundarios tampoco afectan o modifican la historia. Edward, el vecino malencarado y arrogante, quien después logra despertar un interés en Diane, y se plantea la posibilidad de iniciar una nueva vida, tiene un pasado poco atractivo, nada impresionable y hasta predecible. Me pareció completamente innecesario el personaje de Megan, una mujer del pasado de Edward, que generó diálogos y situaciones que no aportaron nada importante a la narración.



Evidentemente este relato corto o cuento o novela corta, no cumplió mis expectativas. Esperaba algo con más sustancia. No es necesario hacer un libro de 1000 páginas para llenar la curiosidad de un lector. Pero también es cierto que muchas historias cortas han logrado la suficiente profundidad para generar la empatía necesaria entre el lector y los personajes o las situaciones a las cuales se enfrentan o con el mensaje que desea transmitir el autor. 

Escrito por: Leney Tovar