martes, 27 de enero de 2015

Escritores en los campos nazis




Estatua conmemorativa en recuerdo de las víctimas del campo de concentración de Auschwitz

El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración de Auschwitz, uno de los más claros ejemplos de maldad de los que es capaz el ser humano. La huella de miles de víctimas sigue palpable es estos terrenos como aviso de que la barbarie, en ocasiones, no conoce límite alguno.
Junto a Auschwitz hubo más campos de exterminio, como Treblinka, Ravensbrück, Mathausen, Buchenwald o Dachau. De sus horrores y memorias nos han dejado recuerdo autores como Primo Levi o Imre Kertész, pero otros escritores que fueron atrapados en mitad de esta locura no lograron sobrevivir al Holocausto.
El hermano de Karel Capek, Josef, fue el inventor de la palabra robot, y fue más conocido por su obra como pintor. Sin embargo, también había comenzado una interesante carrera literaria con algunos cuentos ilustrados para niños que publicó en Praga. En 1939 escribió Poemas desde un campo de concentración. Por desgracia, murió en Bergen-Belsen en 1945, poco antes de que fuera liberado.
Max Jacob destacó por su poesía y su obra narrativa, además de por su trabajo como pintor, siendo uno de los autores franceses más interesantes dentro de los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX. Obras suyas son Filibuth o el reloj de oro o El cubilete de dados. Apresado en Saint-Benoit por su origen judío -pese a que se había convertido al catolicismo años antes-, Jacob fue encerrado en Drancy donde murió en 1944.
Poeta y novelista ruso de origen judío, David Vogel vivió en Viena, París y Palestina, trabajando la mayor parte del tiempo como profesor de hebreo. En la II Guerra Mundial fue detenido primero como austriaco por las autoridades francesas y liberado tras la invasión nazi. Tras este hecho, Vogel desapareció, y no fue hasta años después cuando se documentó que la Gestapo lo detuvo en 1944 y fue enviado a Auschwitz, donde fue asesinado pocos días tras su llegada. De Vogel habría que destacar Una novela vienesa, obra que recupera el ambiente de entreguerras de la capital austriaca.
Una de las grandes pérdidas de la literatura dentro del horror del Holocausto fue, sin duda, la de la autora ruso-francesa Irène Némirovsky. Nacida en Kiev, Némirovski dejó Rusia junto a su familia tras la Revolución de Octubre y se instaló en París, donde asistió a la Sorbona y comenzó su carrera literaria. En 1942 fue detenida por agentes franceses del régimen de Vichy debido al origen judío de su familia -aunque ella se había convertido al catolicismo-, y deportada a Auschwitz, donde moriría de tifus un mes después. De entre la obra de Némirovsky habría que destacar obras como Suite francesa, El vino de la soledad o Los perros y los lobos.
La historia de Suite francesa es muy curiosa, ya que la hija de Némirovsky guardó el manuscrito durante casi 50 años sin leerlo, ya que pensaba que se trataba del diario de su madre y no podía afrontar el dolor de abrirlo. Su publicación en 2004 resultó un gran éxito editorial y supuso el redescubrimiento de esta genial autora.
Estos no fueron los únicos autores que murieron en los campos, por desgracia hubo bastantes más que no lograron sobrevivir al ser encerrados por su origen judío o su militancia comunista. Voces silenciadas que, junto con los demás autores muertos durante la contienda y el posterior exilio, dejaron a toda una generación huérfana .

Fuente: Lecturalia